Cóctel de libros allá que te va

 Libros de apoyo. Con los años cada vez me ha venido costando más leer obras difíciles sin el apoyo de alguna lectura “desgalvanizadora” paralela, por llamar de algún modo a este tipo de libros ligeros que puedes leer relajadamente o sin prestar tanta atención como otras obras más cargadas de contenido requieren. Vengo haciendo esto desde que me obsesioné con ideas peculiares y me empeñé en leer y entender a Juan Taulero, al Maestro Eckhart y a otros autores de esta índole. Luego ya naturalicé la costumbre de tener más de una lectura abierta, me refiero de ir leyendo más de un libro a la vez, incluso con presentaciones de menos exigencia o de lectura comprensiva más inmediata como  cuando, siguiendo con aquella temática, alcancé los de Elaine Pagels, los códices de Nag Hammadi o incluso el de san Anselmo de Canterbury. Dedicaremos un artículo a estos intereses, que han reportado algunos conocimientos, pero de los que no es el momento de hablar.

Ocurre que, en alguna ocasión, y ya me ha ocurrido varias veces, el desgalvanizador se complica tanto en profundidad que desplaza a la superficie a la obra considerada más sustancial. De estos casos, el más llamativo, me aconteció con la lectura de Trilogía de la noche, libro complicado y muchísimo más profundo de lo que una rápida o primera lectura pudiera parecer.

Pero a lo que vamos, a los libros de apoyo,  las lecturas ligeras que también son muy necesarias. Doy un brevísimo apunte de cada uno, para recordar alguna impresión o algún detalle de lo leído.

Cobra, de Frederick Forsyth. Bien, estamos ante ese tipo de narración destinada  al entretenimiento inmediato y sin grandes pretensiones. El hilo argumental es el de muchas de las películas que inundan los televisores en la programación de tarde-noche. Es como un Rambo de la maquinación, donde la acción la llevan a cabo otros que el dirige. El final, peliculesco, buscando aportar un aire inesperado que…

El Consejo de Egipto, de Leonardo Sciascia. Ya casi se me había olvidado de la historia aquella del abad falsificador. Otro relato más de la Historia manipulada. Y que conste que cuando publiqué Historias de la Historia falsa desconocía el libro, aunque el tema ha sido tratado en numerosas ocasiones en publicaciones de todo tipo, teniéndose constancia desde al menos tiempos de los romanos. Con cierta gracia, no me pareció un libro de ritmo ágil, aunque menos lo tiene A cada cual, lo suyo, que casi ni me acuerdo de qué va pues lo debí leer a punto de ir a la cama y como en sueños.

El movimiento del caballo, de Andrea Camillari. Hemos visto toda la saga de los Montalbano en la tele, que ya la han pasado varias veces. Pues un poco en esa línea, con la intriga justa, un poquitín de lógica deductiva y el juego de los malos, con unos pocos buenos que los enfrentan y los del medio, que soportan el día a día de la partida.

Arsenio Lupin, caballero ladrón; de Maurice Leblanc. Un libro de su época, a mi gusto flojete, novelita de poca intriga y poca tensión. Llevadera para leer somnolientamente.

De que hablo cuando hablo de correr, de Haruki Murakami. Atado eternamente a mis años de corredor, fui subyugado por el título y al igual que me ocurrió tras leer hace muchos años La media distancia, de A. Gándara, al concluir la lectura me quedé indiferente y con la sensación de haber podido invertir el tiempo en algo mejor. Si alguien quisiera leer algo de correr, le recomendaría aquel mítico de Rohé…¡El zen del correr!

Siguiendo con esta temática, Correr de Jean Echenoz, es un relato acertado, de ritmo expositivo y sin grandes recovecos intelectuales: Homenaje a Emil Zatopek y crítica a un régimen alienante.

El gran rostro de piedra, de Nataniel Hawthorne. En realidad son una serie de cuentos escritos por un artista puritano. Me acerqué a ellos porque en un artículo de una revista los recomendaba J.L. Borges, a quién admiro mucho. En el prólogo, hecho por este mismo autor, dice textualmente: “Hawthorne ha escrito los mejores y los peores cuentos del mundo”. Daba la casualidad, y perdonen mi arrogancia, que los primeros no debían estar presentes o quizá, que no me adapté apropiadamente a la forma de narrar en ese incipiente XIX. No obstante, son suficientes para pasar un ratito y son cortos. Ambientadas en la misma época, aunque con otra temática, tenemos las películas de Audie Murphy, que son buenas de verdad, y hasta repetidas gustan. Cuando acabé el libro, recordé que ya lo había leído en una ocasión ya olvidada: creo que no había dejado poso.

El invitado tigre, de Songling Pu. También, de esa colección Babel amparada por Borges, fuimos tentados por la recomendación de estos cuentos escritos allá por el 1600…Demasiado orientales, fantasía exótica. Si pienso en la contundencia de sus coetáneos españoles y sin ser patriotero… ¡no hay color!: ¡Calderón, Quevedo, Gracián!

En la misma colección de Lord Dunsany, El país de Yann. En fin…

Y como en esta carpeta de “Libros de apoyo”, tengo ya demasiados y quiero dedicarme a otros asuntos, es decir a leer que me gusta más que escribir reseñas, cito las lecturas y las califico con un número de 0 a 10.

La felicidad conyugal, de León Tolstoi. Mujer y matrimonio. 5.

Relatos científicos, de Howard Hinton. ¡Puf! 2.

Mis creencias, Albert Einstein. Medio filosofía 4,5.

El italiano, de Pérez Reverte. Amor y segunda guerra.7,5.

El contador de arena, de Gillian Bradshaw. Arquímedes. 6,5.

El hombre que calculaba, de Malba Tahan. Historieta sobre juegos matemáticos  5.

Brighton, parque de atracciones, de Grahan Greene. Maldad y amoralidad. 8.

El aventurero, de Mika Waltari, siempre bien para estas ocasiones.7,75.

Marco el romano, de Mika Waltari, 7,5.

La medición del mundo, de Daniel Kehlmann. Humbolt y Gauss. 8

Fiesta al noroeste, de Ana Mª Matute. Ambiente de posguerra y depresión. Demasiadas imágenes funestas. 6,5.

Crónica de Rosa Rosae, por Paco Álvarez, justito… 5

Quince días en el desierto americano, de Alexis de Tocqueville, colonos en Ámerica del N. 6

Cómo hacer cosas con palabras, de John Langshaw  Austin. Un manual de dicción demasiado elevado para mí. Calificado como…¡Uf!

De la naturaleza del indio, de Juan de Palafox y Mendoza.  Muy interesante, debería ser leído por todos esos ignorantes que hablan y hablan sin base y hacen de “sus primeras ocurrencias o intereses, verdades”. Lo mejor, que al final del libro hay un enlace magnífico al blog “clasicoshistoria.blogspot” donde encuentras verdaderas maravillas. No dejéis de visitarlo. 8

Antología de relatos, de Dashiell Hammett. Policiacos, del autor de “El halcón maltés”. Un poco así, facilitas para lo que hay hoy, con valor en su momento y para el que le gusta el género, Y dice en “El gran golpe”,”… Paddy, un estafador simpático que se parecía al rey de España…” 6,5. Esta nota incluye también al “Halcón”.

Cuentos completos en prosa y verso, de Voltaire. 6.

La cueva del cíclope, de Pérez Reverte. No me aporta nada, 2.

Revolución, de Pérez Reverte. México y un poco repetido, 7.

Voltaire contra los fanáticos, de Fernando Savater. Tiene cosas mejores. 6,5.

No hay galletas para los duendes, de Cornelia Funke. Un libro infantil muy bien redactado. 8.

El hombre que plantaba árboles, de Jean Giono. ¿5?

Barrabás. El verdugo. El enano. De Par Lagerkvist. El mal en su salsa, pero con aderezo manido. 6.

El húsar en el tejado, de Jean Giono. Aventuras y peste.7,5.

 


                Aquí el enlace a un blog que parece interesante y a cuyo autor no conozco de nada

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