Tom Wolfe

 

La Hoguera de las Vanidades, de Tom Wolfe

Dicen que el título está inspirado en una costumbre italiana (?) en la que en una fecha señalada se quemaban objetos inútiles. Por otro lado, este título también podría estar inspirado en el clásico La feria de las Vanidades de Thackeray, libro con el que no debe confundirse, aunque parece que el fondo crítico  es el mismo: la fatuidad de los valores basados en el dinero.

Se lee fácil y, aún siendo muy previsible en el discurrir de la trama, mantiene cierta tensión a lo largo de toda la novela. En ella se denuncian los intereses egoístas y la carencia de sentimientos humanos de la sociedad retratada.

La vanidad es una niebla, que lejos de disiparse, permanece cegadora y las caídas solo llevan a otras caídas.  Algún personaje conserva algún atisbo de luz, como resquicio y sostén de lo que podría ser, pero no es.

Es amena, sí, y en algunos tramos el discurrir de los acontecimientos produce ansia de lectura. Su elaboración, tipo película, aún con el entresijo de los personajes es relativamente sencilla. A día de hoy, se diría que tiene muchos elementos de IA (inteligencia Artificial).

Por cierto, creo que Wolfe se pronuncia igual que “wolf” o sea /ˈwʊlf/ = “guf”.

Y una vez que conocemos al autor y si nos parece ameno, podemos seguir con el libro Todo un hombre. Una vez en él, la primera impresión es que supone un más de lo mismo,-y léase bien, sin que está elucubración conlleve carga peyorativa- otros personajes, otros lugares y otras acciones, pero en una línea argumental similar. Es algo más brusco, con situaciones ásperas (como las de la cárcel) que contrastan con otras algo artificiosas (como las de "relación" de la ex del protagonista). Las soluciones evolucionan confluyendo al final, quizá, a veces de forma poco verosímil, pero no olvidemos que es una novela, con algo de crítica social y con algún tinte filosófico que más bien parece practicismo, pero  al fin y al cabo una novela. Su base estructural es sencilla y podría desarrollarse desde un diagrama de árbol inverso, es decir, partiendo de cuadros en las ramas llegar al final de la(s) historia(s), porque aunque hay un presumible protagonista principal, hay otros bien por simpatía o por detracción susceptibles de aproximarse a ese rango. Es larga, no es la novela del siglo y como la anterior, se deja leer con agilidad y puede entretener.

 

                

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